lunes 18 de enero de 2010
El secreto del acero. Tiempo y consumo en la era pop
Sofá, porros, DVD
1. Soy un perdedor. Nunca hubiera pensado que volvería a la crítica musical. Había desarrollado una inquina enfermiza por este mundo. De hecho, hacía varios años ya que mis textos no eran más que pies de página testimoniales, muchas veces hechos por encargo y sin el más mínimo atisbo de placer en su confección. Siempre he trabajado por dinero, es lo único que me interesa, no creo en aquello de “por al amor al arte”: soy un jodido mercenario y me gusta. En este contexto de materialismo extremo y gandulería canina, escribir sobre música era hasta hace un tiempo una forma fácil y placentera de ingresar chequecitos… pero me cansé de todo, de los tópicos, de las entrevistas por teléfono con cuestionarios base (influencias, proceso de grabación del nuevo disco, qué opinas de la escena rap actual, ¡diossss!), de las tarifas etíopes y, sobre todo, de los periodistas musicales españoles, de sus ansias por trascender y de su gilipollismo irreversible. Nunca he entendido por qué en un subgénero como éste, en el que un texto de dos páginas no te da ni para comprar dos estanterías Benno, la gente se toma tan endemoniadamente en serio a sí misma.
Pero estoy divagando; mejor que siga meando dentro de la taza. La crítica musical, decía, se había acabado para mí hasta que Playground me devolvió la motivación (debo advertir, para ser justo, que resultó fundamental, también, la insistencia de esa hermana de la caridad llamada Javier Blánquez, que lleva consiguiéndome trabajos desde los 90), o lo que es lo mismo, me devolvió el placer de ganar dinero, disfrutar con ello y regalar caracteres porque sí, por el mero hecho de que te gusta lo que estás escribiendo y por fin puedes acabar una crítica sin pensar “increíble que me publiquen esta bazofia”. No quería comenzar, pues, “El Secreto del Acero”, este diario de bitácora de mis consumos culturales en la era del pop y la madre que lo parió, sin enviar un agradecimiento a esta bendita casa por haber rescatado del fumadero de opio donde sesteaba al perezoso trasero que vuestros ojos ahora contemplan, y haberlo puesto en activo otra vez en el parquet de la crítica musical.

Ahhhh, jilgueros, pero esto sí que no me lo esperaba. Darle una columna a una persona caótica, nerviosa, neurótica, disléxica y sin vocación alguna de ser lo que se conoce como líder de opinión –básicamente porque mi opinión no vale un tubérculo– es un movimiento audaz, alocado incluso. Difícilmente encontrará aquí el lector una guía fiable sobre grandes asuntos o polémicas de la industria cultural. Un santuario de sensatez y espíritu crítico. Tampoco será esto un diario emo sobre lo jodido que es vivir y lo mal que me huelen los quesos. A la gente se la bufa mi estado de ánimo y mis hongos plantares. Esto será un repaso, impredecible, sin hilo conductor, a bocajarro, en bolas, llorando y con la pistola en la boca –como Martin Riggs durante los primeros minutos de “Arma Letal”–, pero un repaso, al fin y al cabo, por el universo de la cultura pop-trefacta que invade mi existencia en un sofá, rodeándome en forma de amenazantes estanterías rellenas de mierda que, como los siniestros pigmeos del rodaje de “Fitzcarraldo”, esperan a que me venza el sueño para despellejarme y hacer canoas con mi piel, como si fuera el mismísimo Klaus Kinski.
2. En loor del sofá. He mencionado el sofá y creo que para una presentación digna debo hacer partícipe al lector de la santa trinidad que domina mi existencia y sin la cual sería imposible entender nada de lo que a partir de ahora se diga en esta columna de serie B. Sofá, porros y DVD. Así es: sofá (1), porros (2) y DVD (3). Un mantra fácil. Sin truco. Pegadizo, si me lo preguntan. Es el triángulo perfecto. La carambola básica. Sus tres lados se retroalimentan, se necesitan los unos a los otros para tener pleno significado, como el ying y el yang, el wasabi y el nigiri, Jack Bauer y el “damn it!”, Kanye West y su americana arremangada, el guá y las canicas, Matthew McConaughey y el requesón… El cuenco sin fondo que se ha formado en mi lado del sofá (el sector de mi novia sigue intacto, recto, con la misma turgencia del primer día; el mío es un cráter ponzoñoso de palomitas, chinas de costo, migajas y otros detritos en constante ebullición de sudor de culo) habla muy claro de lo importante que se ha convertido en mi vida este mueble-fortín, doblado y retorcido bajo el peso y la quemazón de mis nalgas a lo largo de las centurias. En mi sofá uno puede apreciar, no sin maravillarse, un desnivel imposible que cae en picado de derecha a izquierda, un cañón del Colorado esculpido por mis glúteos, un salto del ángel en un Niágara de espuma, muelles y madera que hace que cada noche mi novia observe con perplejidad cómo me hundo en las profundidades acrílicas, como si fuera la escena de las arenas movedizas de “Krull”, mientras su lado se mantiene flotando en las alturas, incorrupto por la erosión lumbar que los efluvios porreros y los fines de semana enteros de reclusión han causado en mi territorio de descanso.| Pág. siguiente » | 1 - 2 - 3 - 4 |
Comentarios
12
12
Abellunes 18 de enero de 2010
tortumartes 19 de enero de 2010
Lolamartes 19 de enero de 2010
Lo mal que lo tiene que pasar su novia...
Socretinomartes 19 de enero de 2010
Aunque, para ser sinceros, el dibujo que inicia el post es el que más me pone, ¿Estaré tan enfermo como tú?
Saludos salvajes.
http://granjoshua.blogspot.com
D!martes 19 de enero de 2010
DPmartes 19 de enero de 2010
Merchjueves 21 de enero de 2010
Engelmartes 26 de enero de 2010
Debo decir que yo también fui durante largos años un devoto de la santísima Trinidad, y que devoraba bolsas de Lays al punto de sal como quien se come un kiko para evitar desmayarme. Pero se me dispararon la paranoia, la ansiedad y los trigliceridos y acabé pensando que dejar de fumar era una buena forma de evitar que los agujeros de gruyere de mi cerebro se hicieran más y más grandes.
A todas luces, después de lo que ya son años de abstinencia, puedo decir que me equivocaba, los trigliceridos, la ansiedad y la paranoia se siguen disparando y los agujeros de gruyere son cada vez más y más grandes.
Siempre estoy a tiempo de volver al redil.
P:(
Regiamartes 26 de enero de 2010
mehinskymartes 26 de enero de 2010
yojueves 04 de febrero de 2010
oscar broclunes 15 de febrero de 2010
Buscador

Contactar | ¿Quiénes somos? | PlayGround ® y © PlayGround Comunicación S.L., 2008
Enviar a un amigo
Imprimir














