9,3
A veces se está tan dentro de un disco, tan embelesado con su funcionamiento interno, que cuando llega el momento de escribir sobre él las palabras se quedan cortas. Desde que se destapara el pasado noviembre, “Teen Dream” ha vivido conmigo todo el invierno pero todavía siento un imponente respeto a la hora de decir algo sobre él sin caer en el derroche maximalista. Temo hablar de sus superlativas bondades de una manera que pueda parecer gratuita, porque no es fácil asistir a la proyección de un grupo hacia lo más alto de sus facultades: podría confundir y empañar la mirada. Aún así, después de tres meses de convivencia, lo que sí se puede asegurar sin miedo a equivocarse es que aquí ocurre algo muy importante... e intentar verbalizarlo. Disculpen en el texto que sigue el énfasis subjetivo y los derroches adverbiales, y tomen nota del primer consejo: si no lo han hecho ya, dejen entrar en su vida cuanto antes a esta valiosa gema de pálida apariencia e irrompible corazón.
Tercer largo del dúo de Baltimore, “Teen Dream” es toda una consagración para Beach House en el sentido de que plasma sobre el papel una evolución importantísima. Si ya mediaba un salto de gigante entre su debut de 2006 y “Devotion”(2008), ahora la zancada es de campeonato. Todo el spleen que inundaba aquellas crepusculares duermevelas se convierte aquí en “ideal” puro y cristalino, insuflando vida y esperanza a un cancionero que hasta ahora caminaba un poco cabizbajo, lánguido o marchito. Sumergiéndose hasta el fondo en“this sound cloud that we're in”, Victoria Legrand y Alex Scully fijan aquí sus aspiraciones de forma radiante, a partir de todo lo bueno y lo malo aprendido en las giras. Muy seguros de sí mismos, han dado con un trabajo que es exactamente el que querían, el que traslade al directo todas las facultades de la banda (suyo fue el inolvidable y mejor concierto del pasado Primavera Club). Así se les nota en entrevistas recientes, orgullosísimos y encariñados sobremanera con su nuevo proyecto, sabiendo que lo que entregan se defiende solo. “Teen Dream” ha superado bastantes expectativas, aunque parece que las suyas no. “They say we'll go far, but they don't know how far we'll go”, cantan en un momento dado.
Para la pareja, conseguir esa impresión no ha sido cosa de cuatro días. Han investigado a fondo lo que significa Beach House y han corregido los errores con los que no quedaron contentos en “Devotion”. Tomándose el tiempo necesario, se tiraron nueve meses de parto indoloro dando forma a unas composiciones que, con muchísimo mimo y cuidado, querían que olvidasen lo cuantitativo para centrarse en el valor. Grabado después durante un mes en Dreamland, una iglesia abandonada en el estado de Nueva York, “Teen Dream” transcurre como un sueño de conmovedora psicodelia a cámara lenta, con pasajes registrados a 33 rpm que a veces parecen detener el tempo (“Norway”). La expansión del sonido es evidente, se acentúa la percusión y todo presume de un coraje más eléctrico, pero la balsámica y afinada producción de Chris Coady (TV On The Radio, Blonde Redhead) hace despuntar entre el espeso follaje instrumental una cristalinidad reluciente que los aleja del lo-fi. Es un tratamiento, según le gusta explicar a Victoria, que tiene mucho que ver con el sexo, algo tan físico como hacer el amor varias veces seguidas, enlazando sin contrastes las canciones como “pequeñas muertes” que hicieran resucitar a la inmediatamente anterior. Dentro de la lógica aplastante del repertorio, nada falta ni sobra. La huella es la del bienestar y además, frente a esa atmósfera de recogimiento, nunca se tiene la sensación de estar violando ninguna intimidad.
Más que flotar, todo repta en “Teen Dream” en un flujo amniótico suave y viscoso. Asimilando enseñanzas de forma consciente, sin limitarse a repetirlas como hacen tantos otros, aquí se digieren con mucha madurez las texturas de“Loveless” (referenciado ya desde la portada), se localiza el atractivo germen narcótico de Slowdive (“10 Mile Stereo”) y se recupera de Cocteau Twins el aura de unos temas como catedrales submarinas en los que, a pesar del vasto andamiaje, no se pudiera levantar mucho la voz. De comentario aparte es la interpretación de Victoria: la sobrinísima de Michel Legrand imprime a su cantar de altísimos registros una profundidad casi masculina a la que, majestuosas pero íntimas, se rinden todas las canciones entre armonías que se doblan, arpegios de teclados y coros superpuestos. Todo menos sepulcral pero con el mismo tacto aterciopelado que nos hizo amarles: la bienvenida con “Zebra”, la parsimonia implosiva de “Silver Soul”, “Walk In The Park” y sus epifanías una tras otra, el secreto prohibido de “Lover Of Mine” o una final “Take Care”que, saludando a Pram en la distancia, da por concluida una solemne liturgia en la que todo es bueno, justo y fraternal. Y permanece.
Cristian Rodríguez
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Comentarios
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Canon de Morgan le ha dado un 9martes 26 de enero de 2010
Mrs. Legrand canta/interpreta/seduce mejor que nunca.Me ha atrapado con su voz; como una encantadora de serpientes,escucho hipnotizado cada vez que pulso el play.
Me temo que va a pasar como el año pasado:ya tenemos el mejor album del año en Enero!!
Juanmartes 26 de enero de 2010
tommyboymartes 26 de enero de 2010
josep m.martes 26 de enero de 2010
Mireiamartes 26 de enero de 2010
Tupelo le ha dado un 9jueves 28 de enero de 2010
Jaacob le ha dado un 8jueves 28 de enero de 2010
Loloviernes 29 de enero de 2010
La verdad es que me parecen excesivas el 80% de las puntuaciones que se dan aquí en playground.
Ivàn Quevedo le ha dado un 9domingo 31 de enero de 2010
EstefaníaDeMónaco le ha dado un 8viernes 05 de febrero de 2010
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