martes 22 de diciembre de 2009
Fuck Buttons
Alérgicos a las etiquetas
Lo cierto es que corrían los primeros días de septiembre cuando el anuncio de su entonces aún futura presencia dentro del marco de la pasada edición del festival Experimentaclub (“Sí, estuvimos tocando en Experimentaclub y fue genial. Además tuvimos la oportunidad de conocer a gente fantástica como Charles Hayward y Zombie Zombie. ¡Fueron unos días muy divertidos!”) nos convenció de la imperiosa necesidad de entrevistar a Fuck Buttons. A propuesta de su manager, se acordó recurrir al email como vía “más rápida” y “mejor” para la realización de una entrevista que se prometía coser y cantar... y acabó convertida en una interminable espera por culpa de los rigores de una gira extenuante que ha llevado a los chicos de Fuck Buttons a vivir a salto de mata -de ciudad en ciudad, de motel en motel, de club en club sin apenas descanso, sin tiempo libre para casi nada- durante buena parte de los últimos meses. Las buenas intenciones expresadas de cara durante el Experimentaclub (allí estuvieron con ellos algunos miembros de esta redacción) tardaron aún más de un mes en materializarse, de manera parcial (al final sólo Hung se tomó la molestia de responder) y un tanto esquiva.

Que cada cual saque sus propias conclusiones, mientras disculpa (o no) el desajuste temporal que lastra una entrevista que llega a ver la luz ahora, con Fuck Buttons bien instalados -y por partida doble- en lo más alto de nuestras listas de notables, aunque fuera concebida a más de un mes vista de la publicación de “Tarot Sport”, un disco que entonces aún era una promesa maravillosa, el augurio de algo grande que exigía ser diseccionado con mayor calma.
A finales del 2004 hay que remontarse para encontrar los orígenes de Fuck Buttons. Andrew Hung y Benjamin John Power cruzaron caminos por primera vez en Worcester, pequeña localidad de apenas 100.000 habitantes situada en las West Midlands inglesas, al suroeste de Birmingham, aunque no fue hasta tiempo después, con ambos ya instalados en Bristol por razón de sus estudios en arte (“Siempre he pensado que lo que hace de Bristol una ciudad próspera y pujante a nivel creativo es el hecho de ser una ciudad en cierta medida aislada e insular, que no cuenta con ninguna de esas autopistas que unen Londres con el norte de Inglaterra”), que un corto realizado por Andy (el detonante: colaborar codo con codo en la creación de una banda sonora para ese film) acabó desencadenando su conexión musical.
Teniendo en cuenta sus respectivas trayectorias previas (Power curtido en la escena punk-hardcore inglesa, también en el noise, mientras Hung venía de experimentar con las posibilidades de la electrónica de dormitorio a la sombra de sellos como Warp, Merck o Leaf), el maridaje entre los mundos sónicos del uno y del otro parecía harto improbable. Ni esa supuesta discordia estética, ni las reacciones encontradas que sus más ruidosos y abrasivos primeros conciertos despertaron en su supuesto público parecieron importar en el seno de Fuck Buttons. Ellos siguieron a lo suyo, cada vez más ajenos a escenas y etiquetas (“Como tú bien dices, no estamos -y nunca lo hemos estado- interesados en etiquetar nuestra música de ninguna manera. No es muy inspirador eso de intentar encajar en un cajón determinado”), descubriendo las posibilidades del drone controlado como vía para la evocación paisajista y la excitación aural, abriendo compuertas a la melodía y al ritmo, haciendo del ruido domado y la repetición un arte menor que en manos de Fuck Buttons se ve sometido a un constante proceso de revisión y redefinición.

Viniendo de escenas tradicionalmente restringidas a una órbita de aceptación minoritaria, y considerando la apuesta por el riesgo medido que suponía “Street Horrrsing”, uno se pregunta si la ola de aclamación popular generada por aquel primer disco fue fácil de digerir en el seno de Fuck Buttons.
“En primer lugar, para nosotros ya es difícil discernir si lo que pasó puede o no ser considerado aclamación popular; esto es algo que hacemos porque disfrutamos, y el hecho de que haya otras personas que también puedan llegar a disfrutar de lo que hacemos es algo meramente periférico para nosotros (tan áspero como suena)”.
Ya lo ven, Andrew y Ben conciben Fuck Buttons como vehículo para la exploración de tintes solipsistas, y si alguien piensa que el creciente interés mediático o la necesidad de enfrentarse a audiencias cada vez más amplias ha afectado de alguna manera al equilibrio interno, a la estructura física o al concepto estético de la banda, se equivoca.
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Comentarios
4
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bajos fondosmartes 22 de diciembre de 2009
Teremiércoles 23 de diciembre de 2009
Gracias!
Javimiércoles 23 de diciembre de 2009
gran entrevista!
zPdomingo 27 de diciembre de 2009
Eso sí, muy agradable de leer la entrevista.
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