lunes 19 de octubre de 2009
Abrazos y zancadillas
Hip hop desde la barrera
–A estas alturas de la temporada, el descanso es pecado. Desapareces un mes de esta santa casa y de este santo rincón y el día de tu vuelta te encuentras con pilas numantinas de cds rodeando tu laptop, decenas y decenas de discos, nuevos o antiguos, que han ido llegando con fluidez y buen ritmo a tu dirección postal y que has tenido que digerir y absorber en un tiempo récord. Si agosto es un mes de penurias discográficas, desierto seco y árido con algún que otro oasis desperdigado por el camino, septiembre y octubre son todo lo contrario: todo el mundo ya tiene prisa por sacar a la calle sus álbumes, los sellos deben cumplir sus planes de lanzamiento y es momento de cuadrar números antes de que el cambio de año se eche encima. Y el consumidor se ve inmerso, de la noche a la mañana, en una espiral de pillaje tan adictiva como costosa y esclava. El problema tiene nombre y diagnóstico: la tiranía del pedido.
Existe ahí fuera una horda de perdedores, yo el primero, que en la penumbra de su casa, mientras la novia no mira o se entretiene con un nuevo episodio de “Cómo conocí a vuestra madre”, aprovechamos para hacer una visita furtiva a nuestra tienda online favorita. Pobres. Como si fuéramos vampiros, buscamos saciar nuestra sed en Boomkat, Amazon o Undergroundhiphop, atiborramos nuestras cestas de la compra de ítems, llenamos por llenar, y vamos acumulando discos, libros o películas hasta que un buen día nos damos cuenta que tenemos mil dólares en el carrito. Lobos hambrientos que necesitamos un mínimo de dos visitas al día a nuestros templos predilectos para sentirnos completos, muchas veces ya ni tan siquiera importa si se compra algo o no. Aunque es innegable nuestra condición de cazadores, y no entra en nuestros planes volver sin alguna pieza para nuestra colección. Habitualmente la expresión ‘salir de caza’ nos hacía pensar en tíos fornidos, con camisetas estrechas, vaqueros Diesel, pachuli hasta en las uñas y bambas Puma de Fórmula 1 que salían en manada a las discotecas de moda para ligarse a alguna chica. (Inciso: luego están los forenses, que se dedican a levantar cadáveres ya de buena mañana, esto es, a llevarse a su casa a las mozas drogadas y borrachas perdidas que se arrastran por cualquier after y que son presa fácil). Pero aquí hablamos de otro tipo de caza, la caza del ítem, un proceso dividido en cuatro fases: primero, la adrenalina de la compra, el subidón que llega cuando le das a Confirm (por cierto, existe un virus malsano, que podríamos llamar ‘cargo de conciencia’, yo también lo sufro, que te lleva a abortar pedidos justo cuando sólo queda un click para materializarlo; algunos pueden estar hasta media hora dudando en ese segundo final y fatídico); segundo, la tensión de la espera, la incertidumbre del lapso de tiempo que se necesita para el envío, una tortura de siete a diez días; tercero, la sumisión tormentosa y extenuante a los designios del cartero, que a la postre se acaba convirtiendo en uno de los pilares fundamentales de tu bien estar y tu estabilidad emocional, los días que viene cargado le invitarías a comer, los días que no lleva nada te gustaría quemarlo en una plaza pública; y cuarto, el clímax, el estallido y el orgasmo que te invade cuando llega el paquete.
Todo este monólogo sobre el noble arte del pillaje venía a cuento, lo decía al principio, de la masiva afluencia de novedades que han salido a la luz en estos últimos treinta días, y de las que os hablaré a continuación. Pero antes, y como esta columna tiene como principal objetivo que el lector interesado en el hip hop no dé pasos en falso y tenga una visión panorámica y con cierto rigor de la actualidad, empezaré hablando de dos discos importantes que me han decepcionado profundamente, uno más que otro.
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Porque es cierto que de Fat Joe ya no se esperan grandes cosas a estas alturas, el tipo está acabado y desde hace ya algunos discos está atrapado en un rap de chicle que suena forzadamente comercial, evidente, muy demodé. Pero lo de “Jealous Still Envy 2 (J.O.S.E. 2)” va más allá de la decepción para instalarse en la categoría de mierda líquida. Pasteta. Algo parecido al retortijón radical que te entra cuando comes más de la cuenta en Da Greco, lugar de peregrinación de celebrities como Joan Laporta, Risto Mejide o Titi Henry. |
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