jueves 24 de diciembre de 2009
Abrazos y zancadillas
Hip hop desde la barrera
–Contamos los minutos que quedan ya para que se desactive el año, y con él una década que se ha extinguido sin que apenas nos hayamos enterado. Ahí quedan todos los resúmenes habidos y por haber para hacer balance de estos diez años y sacar conclusiones. De la década ya se ha hablado, y mucho, en esta misma casa, y a todos los listados especiales de la misma os remito para que podáis decir la vuestra, tomar nota, descubrir nuevas cosas o criticarla sin pudor. Pero como decía, antes de que se acabe la década se acaba el año, un 2009 sacudido por la polémica, y ya estoy en materia hip hop, en la que algunas visiones críticas del género han aventurado su defunción oficial. Hablaba de ello Simon Reynolds en un artículo muy comentado y publicitado en The Guardian. Y lo hacía a colación de otro texto, este de Sasha Frere-Jones, en el que se exponían algunas de las claves de estos augurios pesimistas.
Para quien esto escribe el principal problema de su tesis, que todo hay que decirlo apunta algunos síntomas ciertos, es la innecesaria precipitación con la que ambas firmas despachan un mal momento creativo en el género. No parece propio de críticos con experiencia, tablas y recorrido lo de confundir un bajón, cuya graduación sí permite amplios debates, con la extinción. Para diversiones apocalípticas ya tenemos a Roland Emmerich y sus grandes orgías catastróficas, pero cuando hablamos de música, y más concretamente de hip hop, vaticinar el fin del mundo es un tópico previsible que ya hemos leído y escuchado unas cuantas veces antes, y pongo un par de ejemplos: cuando en la segunda mitad de los 90 se obligó a limpiar los samples de las canciones o cuando el rap se convirtió en un fenómeno pop fueron muchos los que hablaron de la muerte del rap. Y ahí sigue.

Pero además de ese falso alarmismo, más pendiente de provocar reacciones, polémica y runrún con su análisis destructivo que de aportar nuevas voces o nuevos conceptos al panorama actual del género, el problema de ambos artículos es que son muy injustos. Se queja Reynolds de la falta de referentes en la actualidad que puedan aportar lo que a inicios de esta década introdujeron en la escena artistas como Timbaland, The Neptunes, Mannie Fresh o Lil Jon. Pero el periodista británico se olvida comentar que el estallido creativo y popular de todos ellos llegó tras unos cuantos años de fogueo y crecimiento artístico: a Timbaland le costó más de cinco años establecerse como un productor de referencia, Mannie Fresh facturó beats durante toda la década de los 90, cuando a Cash Money Records no le hacía caso ni el tato fuera de los límites sureños, y la carrera de Lil Jon, en un efecto contrario, apenas se mantuvo en la élite y en la cresta unos tres años. El hip hop, y es algo que sabe cualquier hijo de vecino con ciertos conocimientos de su historia, es un género esencialmente cíclico, que atraviesa por sucesivas etapas de sístole y diástole en las que podemos señalar tantas luces como sombras. Algo parecido a lo que sucede con los grandes equipos deportivos de la historia, que en una década pueden experimentar un ciclo de éxitos incontestables y otro de absoluto vacío, y eso en un margen de cinco años. Ese artículo le exige al hip hop algo que no se le podría exigir al rock, al pop o incluso a la electrónica: un permanente estado de fulgor creativo y popular, un estado crónico de activación y expansión, cuando todos sabemos que no existe género musical capaz de soportar esa dinámica durante una década y de forma continuada.

| Pág. siguiente » | 1 - 2 - 3 - 4 - 5 |
Comentarios
7
7
Jay Em Eflunes 28 de diciembre de 2009
igorjueves 07 de enero de 2010
wwwjueves 07 de enero de 2010
guillejueves 07 de enero de 2010
ñañajueves 07 de enero de 2010
Jay Hovajueves 07 de enero de 2010
Tramuntanajueves 07 de enero de 2010
PON UN D.BROC EN TU VIDA
Buscador

Contactar | ¿Quiénes somos? | PlayGround ® y © PlayGround Comunicación S.L., 2008
Enviar a un amigo
Imprimir














