domingo 07 de febrero de 2010
Implantes de silicona
Música electrónica en vena mes a mes
1. Música electrónica en vena mes a mes, se llama esta columna, y todo lo que estas palabras pretenden, o pueden prometer, queda resumido en ese enunciado conclusivo. Una vez al mes, cíclicamente y de manera regular, se ataca la actualidad de la música que cruje y hace bzzz. Y resumirlo todo, créanlo, es un jodido dolor –en el culo, en el abdomen, donde sea, pero duele– porque cada resumen se convierte en un puzzle y, peor aún, una colección de ausencias. A diferencia de lo que piensan otros cronistas, la actualidad electrónica es un no parar de nueva mierda que, si se pretende seguir al dedillo, inunda esa fosa séptica a la que llamamos “estanterías” –o disco duro, que también– de material para el que no se da abasto, tanto en la parte auricular –uno tiene que dormir y comer, también– como en la textual. Y es que aquí no cabe todo, y como esto no es un listado cerrado y aleatorio de “recomendaciones” y se intenta conectar las partes con el todo para que toda esta historia cobre algo de sentido y orden y no sea sólo la banda sonora para una intoxicación de gigabytes gratis o drogas nocivas, el texto en sí –su redacción, o sea– es un horror. En definitiva: demasiada música, poco espacio y ni una primera pista de por dónde comenzar.
Por eso, lo mejor es empezar por un disco que es la negación de la prisa y la inmediatez de la que parten estas palabras. Si aquí se despachan las novedades en menos que dura una visita al tigre, el canadiense Scott Monteith –alias Deadbeat– se ha tomado su tiempo para condensar cerca de veinte años de historia del sonido profundo y dubby del techno en un megamix que irradia respeto y amor. Es lo mejor de “Radio Rothko” (The Agriculture, 2010, marzo), la reverencia con la que se aproxima a él un artista que ha sido agente fundamental en su ampliación del rasgo estético –aunque jamás ha sido una estrella– desde los días de su primer y delicado álbum, “Primordia” (Intr_Version, 2001). Deadbeat lo que ha hecho ha sido escribir un ensayo on decks, o una carta de amor a Basic Channel y sus afluentes, con doble voluntad retrospectiva e hipnótica. Tría vieja escuela –Maurizio, Various Artists, Monolake–, o la recrea –su propio “Port Of Fix” es un homenaje a Porter Ricks, ausentes del mix porque no hay manera de licenciar los derechos de su monstruoso “Biokinetics”(Chain Reaction, 1996), perdido en el limbo de los discos descatalogados–, o acude a la nueva escuela de DeepChord, 2562 y Quantec, que son como las tres edades del techno-dub.

Si nos ponemos quisquillosos, en “Radio Rothko” aflora un problema: ¿es esta visión retrospectiva un testamento, el documento final de una vida? La suspicacia es de recibo, máxime cuando el presupuesto de un servidor para la compra de discos no ha menguado –pese a la crisis; el secreto está en no comer– pero sí se ha reducido el volumen de dub technoide que llega a la estafeta. Las nuevas referencias de sellos como Echocord, Styrax o echospace [detroit] no han sido lo suficientemente tentadoras –y ojo, que ha salido por fin “Lama Temple”, un 2x12” balsámico de Rod Modell pero que insiste en la misma idea expansiva y nebulosa de siempre sin aportar nada– como para aforar por simple rabia, y es que al techno-dub se le ha exprimido como un limón en un plato de lenguado al horno hasta extraerle, por segunda vez, todo su jugo creativo. No es que no guste –esto gusta siempre–, sino que no sorprende, al menos en su versión ambiental, magnetizada, con bombo, tan post-Gas como post-Vladislav Delay. Por suerte, hay una respuesta más dinámica desde la trinchera dubstep –la tríada Martyn, Scuba y 2562 / A Made Up Sound– que ha ayudado a arañar segundos en el tiempo de descuento mientras iban renovando la fórmula –bombo y caja rotos, al estilo ‘nuum inglés, en vez de un bombo 4x4 seco al estilo ‘numm berlinés– y se iban reafirmando con obras mayores. “Great Lengths” (2009), de Martyn, fue un álbum llamado a abrir una vía –también a marcar una época, pero eso ya le quedó demasiado grande–, y por ahí también se adentra el inminente debut en largo de Paul Rose, alias Scuba, con “Triangulation” (Hotflush, 2010, marzo): dubtec artesanal, de capas porosas y ritmo firme, más submarino que etéreo –con mucha presión por encima que empuja–, y que adopta también, por fin, la síncopa algo más dorada del funky. Quizá ha tenido Scuba siempre algo de chaquetero, de tirar por donde sopla el viento, pero sería una apreciación injusta: pese a los matices concretos de actualidad –que es cierto, él nunca inventa y siempre sigue gregariamente– lo que no ha perdido nunca es el equilibrio entre profundidad de bajos y atmósfera ligera, y la presencia simultánea en Londres y Berlín, una pierna sobre cada capital y los cojones en la mesa.

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Comentarios
7
7
mongolllunes 08 de febrero de 2010
gracias
Regialunes 08 de febrero de 2010
Doctor NOmartes 09 de febrero de 2010
Fat Rolandmartes 09 de febrero de 2010
mongollviernes 12 de febrero de 2010
discazooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
este no es el "fakes" fijoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
electrasábado 13 de febrero de 2010
tortulunes 15 de febrero de 2010
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